Escrito por Stanley Phillipe
Profesor, Pastor y Teólogo
“El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:27).
El amor de Dios no se conoce sólo en la encarnación de Cristo. Su obra en el planeta tiene su climax en la cruz, en el sacrificio expiatorio para la salvación de los hombres. El camino de la exaltación que da a Cristo el Señorío final, pasa por la humillación y el sacrificio de la cruz.
Hay un camino semejante para el discípulo de Cristo, para el enviado. Sobre esto comenta John Stott:
“…desde luego que la muerte vicaria de Jesús en su significado expiatorio fue algo absoluto y único. Sin embargo, hay un sentido secundario en el que nosotros también somos invitados a morir en favor de la misma gente que queremos servir. No es hasta que el grano muere que lleva fruto…Hemos de estar dispuestos a ofrecer nuestras vidas a los demás, no sólo en martirio, sino también en un servicio de sacrificio y negación…”
Las desafiantes necesidades de todo orden en nuestros países presentan múltiples oportunidades de servicio. En los campos de la educación, la salud, la asistencia a los pobres, el desarrollo comunitario, la ayuda técnica y otros, nuestros países no están en condiciones de atender adecuadamente las crecientes demandas de la población. A nivel personal o de grupo basta simplemente dar una mirada alrededor para verlo, en todo país y sociedad.
El servicio en sentido cristiano tiene casi siempre carácter sacrificial. No se trata de esperar a que nos sobre para dar. Se trata de dar la vida misma, lo que es parte de uno, “gastarse” en términos paulinos. Y se trata de un dar inteligente, de un servicio a la medida de las propias posibilidades y de las necesidades. Es tiempo de que los cristianos estudien cooperativamente las necesidades de sus países y luego hagan inventario de sus recursos y de cómo unirlos para servir mejor. Este carácter sacrificial e inteligente del servicio es parte de la madurez espiritual a la que Cristo nos llamó. Los discípulos de Cristo deben ser desafiados en sus iglesias a darse a una vida de servicio, a recordar que son mayordomos y han de rendir cuenta.
Los líderes cristianos deben modelar la vida cristiana que desean ver en los creyentes de sus congregaciones. Los cristianos deben ser preparados para la vida cristiana, necesitan aprender a discernir las necesidades de su propios países y/u otros a los que ellos pueden acudir con el apoyo de sus congregaciones, o en una selección adecuada del lugar donde ejercitarán su oficio.
Otros campos de servicio que debemos explorar son: el periodismo, la docencia universitaria, la información, la actividad literaria, entre otros.
Nuestro servicio es obediencia a Dios y exalta su nombre.
“Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:16-17).
“Como me envió el Padre, así también yo os envío”. Jesús

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